LOS DE RAMÓN

ROSA COLORADA

cachimbo (Norte Grande)

Las vertebras enormes de la Cordillera detienen el aliento lluvioso de las selvas tropicales y convierten la alta meseta del Desierto en un infierno inmisericorde. En ella, como en un paisaje lunar, no hay vida animal ni vegetal. En ocasiones, ni piedras. Sin embargo, apareciendo y desvaneciendose cuajados en la engañosa "camanchaca", la cruzan indios transhumantes, arrieros, mineros y pertinaces cateadores.

La música vernácula predominantemente pentatónica, como mucha expresión folklórica latinoamericana, no coincide con las fronteras politicas, formando parte de la gran área Andina. Principalmente podría dividirse en profana y reñigiosa. En la primera predominan las tristes, bahualas, cacharpayas y villancicos cantados y bailados. Como bailes, el trote, el cachimbo, el taquirari y la cueca nortina. En la segunda, la música ceremonial o cantos de cofradía.

Los instrumentos más usados de cuerda son: el charango, el chillador y el mandolino semi-plano. De viento; la zampoña, en sus variedades de pusa y sícus, la quena, el pinquillo, el lichiguayo, las tarcas, el clarin del norte y el pututo. En percusión; bombos, cajas, triangulos y matracas. En los pueblos suelen aparecer bandas con instrumentos propias de las orquestas, influyendo en muchas de las actuales cofradías. Las enormes zampoñas llamadas bajones y las ocarinas locales, se han casi extinguido en el uso.

Entre los santuarios más famosos se encuentran Nuestra Señora de las Peñas, La Tirana y La Candelaria. Y entre los promeseros que ensayan todo el año destacan; morenos, cuyacas, pastoras, chunchos, gitanos, pieles rojas, osados y diabladas, luciendo lujosos atuendos y máscaras los dos últimos nombrados.

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Se va ciñiendo el sendero

al vientre de las arenas;

Asi va mi corazón,

culebreando entre las penas.

El opaco redoblar,

de las uñas de las mulas,

se agolpa en mi corazón,

con repicar de amargura.

Las largas filas de mulas,

polvorientas y cansadas,

se derraman sobre el verde

corazón de la quebrada.

El pueblo parece un piño,

de vicuñas escarchadas,

y el humo de los fogones

su aliento en la madrugada.

De que le sirve al arriero,

llegar al fin del sendero,

si no ha de encontrar en él,

alegría ni consuelo.

Su consuelo está en la tropa,

en su eterno caminar,

y el crujir de los arneses

cantando en la soledad.

Rosa Colorada, quien te deshojo,

porque no esperaste mi vida que llegara yo.